18 junio, 2014

Resistiendo al cambio

Un efecto derivado de cualquier acción política son las lecturas y análisis que se hacen de la misma, cuyo repertorio de opiniones es tan amplio como el espectro de posiciones e intereses que los agentes implicados tienen de la misma. Los periódicos nos han acostumbrado a la incidencia incansable de sus editoriales. Sin embargo la manifestación más fehaciente de aquello es el desfile de tertulianos que se acumulan en los programas de televisión y radio, quienes no disimulan la pertenencia al sector que dicen representar aunque disfracen con un manto de objetividad, los múltiples conflictos de intereses creados a lo largo del tiempo.

Para el caso de la abdicación del rey Juan Carlos las opiniones vertidas tampoco son neutrales ni siquiera aquellas que provienen de personas, generalmente académicos o intelectuales sin compromisos partidistas, que frente a otros temas se aproximan a niveles aceptables de imparcialidad. ¿A qué se debe esta situación? ¿Por qué este acontecimiento limita la objetividad del diagnóstico que se hace del mismo? Las primeras pistas las encontramos en la excepcional influencia que la monarquía ha ejercido sobre las funciones de todos los sistemas sociales españoles y en las acciones de sus ciudadanos. Aunque lo deseen, tanto instituciones como individuos no pueden abstraerse ni ser neutrales frente al fenómeno de la abdicación, puesto que la monarquía ha sido el factor determinante en la constitución de sus propias identidades. El imaginario colectivo construido por los españoles asentó sus cimientos en la monarquía permaneciendo invariable hasta nuestros días. Es difícil encontrar otro acontecimiento de similar magnitud en la historia reciente de España, en efecto no es casualidad que el régimen de estado adoptado después de la dictadura franquista sea una Monarquía Parlamentaria.

Que el sistema político español se decantara hacia un proyecto monárquico se explica en primer lugar por las disposiciones e intereses de las élites. Este hecho no ha sido cuestionado con el suficiente énfasis por la opinión pública, así como tampoco lo ha sido el debate por la congruencia y oportunidad de tal decisión. Esto porque dos nociones han eclipsado cualquier intento de enriquecer el debate: la transición y la recuperación de la democracia.  Ambos asuntos luego de ser cristalizados conceptualmente fueron repetidos, por la clase política, hasta difuminar los intereses de las élites que lo hicieron posible. De esta manera han conseguido una legitimidad casi incuestionable del sistema monárquico, transformándolo en la piedra angular del nuevo contrato social del Reino de España. Tal ha sido el peso conceptual que la transición y la recuperación de la democracia han tenido en la configuración de la sociedad española, que incluso se ha presentado como un “modelo ejemplar” capaz de ser “exportado” a cualquier otra sociedad que finalice un régimen autoritario, enarbolando una suerte de receta o fórmula magistral forjada por el conjunto de la sociedad española.
¿En dónde radica el éxito de esta situación? En primer lugar ha sido posible gracias al valor del consenso político. En este contexto el consenso irrumpe como un valor superior y esencial que progresivamente va adquiriendo un aura de solemnidad hasta constituirse en otro símbolo mitificado de sí mismo. Esta situación permite imaginar “narrativa compartida”, cuya solidez impugna a cualquier evento que cuestione esta representación, catalogándolo como un intento profano por socavar aquel dogma, que apresar de haber sido construido por las élites es percibido como una conquista popular.

El segundo concepto apunta al rol desempeñado por rey Juan Carlos en el intento golpista del 23 de febrero. Su intervención mediática en defensa de la naciente democracia derivó en un cambio de imagen frente a la opinión pública, convirtiéndose  en un hecho de una alta carga simbólica: ahuyentar los últimos fantasmas de la dictadura. Así la puesta en escena es completa. Por un lado tenemos una legitimación de hacer las cosas a partir de consensos (recuerda a los “grandes acuerdos” de la política chilena) donde todos los actores ceden en sus posiciones hacia una situación de mesura y neutralidad, y por otro lado se encuentra la figura de un rey que defiende la democracia (lo que a todas luces es una paradoja que juega en su favor, porque la democracia nace en oposición directa a la monarquía). Ambas situaciones no sólo lo transforman en el máximo referente dentro de la política española, sino que con el paso del tiempo lo han encumbrado a la categoría de héroe contemporáneo.
Luego de hacer el anuncio de su abdicación, muchos hablan sobre el olfato político del rey y su ágil lectura de los acontecimientos, anticipándose y consiguiendo resultados óptimos en las estrategias planificadas. Como el apoyo entregado a Adolfo Suarez que posteriormente quitó cuando éste perdió el respaldo de los partidos políticos. Sin embargo en esta oportunidad la situación es diferente porque Juan Carlos al delegar sus funciones en su hijo Felipe, está debilitando el blindaje que su propia figura la ha transferido al sistema  monárquico. En un contexto con un profundo cuestionamiento de las instituciones por parte de la ciudadanía, la monarquía está obligada a reaccionar y absorber esta situación en un momento donde su fragilidad es la más alta desde su creación. Si a esto le sumamos su resistencia histórica al cambio el panorama no es alentador, puesto que la apertura estructural que ha iniciado traiciona sus principios constituyentes. En consecuencia la abdicación del rey Juan Carlos en favor de su hijo Felipe no ocasionará el fin inmediato de la monarquía en España, porque ha ganado tiempo al frenar la deteriorada imagen de la Casa Real (casos de corrupción, cacería del rey y poca transparencia en los gastos) pero sin dudas es la confirmación de su progresivo declive, que ya había comenzado por su incapacidad para adoptar una nueva institucionalidad y por la negación de los procesos democráticos que comienzan renuevan la política en España.

10 mayo, 2012

A propósito del crecimiento

Cuando, en septiembre de 2007, el exministro de hacienda Andrés Velasco dio cuenta de las partidas presupuestarias estatales proyectadas para el año 2008; Aventuró algunas líneas sobre el futuro económico de Chile. Fue así como junto con explicar didácticamente cuál iba a ser el contenido del gasto gubernamental presentado al Congreso, afirmó lo siguiente: “Si seguimos creciendo a la velocidad del 90 a la fecha, el año 2020 alcanzaremos los ingresos de un país por ejemplo como Portugal. Entonces podremos decir que somos desarrollados.  Queremos ser desarrollados para tener más democracia y oportunidades. Para poder elegir la vida que tú quieres vivir, no simplemente la que te toca. Hoy los chilenos finalmente podemos aspirar a eso.”
Aún sin entrar en la discusión entre crecimiento económico y desarrollo económico, la afirmación del exministro se vuelve un axioma frágil y difícil de sostener en los tiempos actuales. Y no porque las cifras que entregue sean falsas (para el año 2011 el PIB en Chile fue de 212 mil millones de dólares y 228 mil millones en el caso de Portugal). Las palabras de Velasco establecen una relación directa entre un incremento en el PIB de una nación y su condición como país desarrollado, y ahí está la equivocación. Según los datos entregados por el Banco Mundial (2010) las economías de Brasil (8) y México (11), tienen un PIB más alto que países como España (13), Canadá (14) o los Países Bajos (21). ¿Esto convierte a Brasil y México en países desarrollados? Evidentemente que no. Tampoco el ingreso per cápita de los países es un reflejo de haber alcanzado el estatus de desarrollo, porque no asegura que se establezcan relaciones sociales igualitarias e integradas. Este último aspecto aun no ha sido incorporado en el debate y es fundamental porque no es posible hablar de un país desarrollado, sin buscar la paz social basada en la equidad y solidaridad.
Son otras cifras las que deben centrar la atención y alimentar el debate. En el año 2010, el gasto del Estado respecto del PIB es de 32,4% en Portugal mientras que en Chile llega al 22,9%. La media en los países de la OCDE es de 43%. Por otro lado la tasa tributaria total (impuestos que pagan las empresas de las utilidades comerciales) es del 25% en Chile, del 42,7% en Portugal y de 43,3% en la OCDE en el mismo período de tiempo. Un país que mantiene un bajo gasto público y una limitada carga tributaria, difícilmente podrá acortar la brecha entre sus ciudadanos redistribuyendo sus ingresos y creciendo con equidad. Por ello, más que celebrar las cifras totales del PIB o del crecimiento anual, es necesario centrarse en las cifras microeconómicas.
Ha sido el  endeudamiento de las personas con la banca y el retail el principal motivo que ha permitido incrementar la capacidad de compra de los hogares chilenos. Mientras el crecimiento de base en un espejismo será imposible elaborar un diagnóstico adecuado en materia económica. Así mismo no sirve ningún tipo de ingreso ético mientras no exista en Chile un sueldo que permita vivir dignamente sin requerir de endeudamiento para cubrir necesidades básicas como alimentación y vestuario. Siguiendo con el ejemplo entre Chile y Portugal, el sueldo mínimo alcanza $182.000 pesos (298 euros) y $315.000 (497 euros) respectivamente.
No es posible considerar a un país como desarrollado como tal si sus ciudadanos se visten y comen con tarjetas de crédito. Mientras la banca se enriquece y los impuestos son bajos, es imposible revertir en un incremento del gasto público y menos de pensar en la redistribución. En definitiva se ha de dejar en claro que las estructuras macroeconómicas de los países llevan a la equivocación si no se complementan con el detalle microeconómico.  El ingreso del salario mínimo debe ser una prioridad para llegar a los $250.000 pesos (398 euros).
El desarrollo de Chile no se puede basar en ingresos éticos. Primero porque no atacan al problema de fondo y segundo porque tiene un efecto mínimo en la economía de las familias. Que trabajo en Chile no asegure dejar de ser pobre es un hecho que genera violencia, no solo porque es un atropello permanente a los miles de personas que trabajan por el sueldo mínimo sino porque debido a la permanente publicidad conocen perfectamente qué es lo que se “están perdiendo” en un mundo globalizado.

05 febrero, 2010

Lugares Comunes

Luego de leer comentarios y opiniones en diversas tribunas virtuales, queda en evidencia que navegamos –si aún no hemos naufragado- en aguas contaminadas de lugares comunes. Siguiendo la línea aristotélica, entendemos por “lugar común” aquellas afirmaciones con las cuales se argumenta algo, pero sobre las cuales no se argumenta nunca. De hecho casi todas las explicaciones posteriores al triunfo de Sebastián Piñera -que el padrón electoral, que los díscolos, que la sociedad aspiracional, que el millón de empleos- responden a un lugar común: nada se argumenta respecto de estas tesis, pero se usan para explicarlo todo o casi todo.

Los últimos treinta días, al menos cuatro casos han involucrado a funcionarios de Carabineros en hechos que investiga la justicia –robo en retail, rito de bautismo, sentencia del caso Catrileo y falso aviso de bomba- ¿Ha cambiado la percepción ciudadana respecto a esta institución?

La ciencia de la opinología haciendo uso de su enfoque metodológico, el lugar común, afirma que esos incidentes ejercen negativamente en la opinión pública porque los medios de comunicación de masas influyen en las audiencias. De hecho –dicen los cuentistas- basta que nos remitamos a los tratados de Chomsky, Galeano, Paul Lazarsfeld o la Escuela de Palo Alto que en cadenas circulan por Internet.
¿Es así o existen casos donde la opinión pública opera más allá de la influencia de los medios de comunicación?

La encuesta de Cieplan, indica que aún cuando los chilenos nos consideramos muy desconfiados de las personas (Solo el 10% dice "confiar en la mayoría de las personas") y de nuestras instituciones, tanto Carabineros como las Fuerzas Armadas se alejan de esa realidad. De hecho, en diversas encuestas - CEP, Cieplan, Libertad y Desarrollo, el PNUD y ProyectAmérica y La encuesta Bicentenario UC-Adimark- Carabineros, holgadamente, resulta ser la institución del país que despierta más confianza en la población: 57%. Curioso si consideramos que –en estos mismos sondeos- la delincuencia se ubica habitualmente entre el primer y segundo lugar de las preocupaciones ciudadanas y 2/3 de los noticieros comienza con una crónica roja. Lo anterior perfectamente podría haber deteriorado el reconocimiento que se tiene en Carabineros, pero justamente sucede lo contrario.

¿A que se debe que los chilenos y chilenas sientan cariño e incluso gratitud hacia Carabineros?
Buscar en las instituciones peor evaluadas -Partidos Políticos y el Poder Judicial- que alcanzan los mínimos índices de confianza (6% y 18% respectivamente), abre el camino hacia posibles respuestas. Ambas instituciones, en opinión de la ciudadanía, no cumplen con el trabajo encomendado, observan y hablan desde púlpitos extra-terrenales y habitualmente se ocupan de intereses particulares y desconocidos. Justamente estos atributos en positivo, son los que caracterizan a Carabineros: 1. Son profesionales 2. Cuidan los intereses colectivos y 3. Están en terreno (insito la opinión pública así lo señala)

La aparente inexistencia del soborno entre sus filas y la transparencia de las medidas disciplinarias, respaldan la imagen de un cuerpo uniformado altamente profesional. Su presencia en cada una de las actividades públicas y populares habla de la preocupación por los intereses colectivos (Carabineros está presente en todas las fondas del Dieciocho) evocando la sensación de seguridad (aún más si van acompañados de sus animales adiestrados)

Quizás el tercer punto, refleje mejor lo que a la gente le gusta de Carabineros: representa un genuino carácter popular porque está en todo el territorio y sus integrantes se vinculan, sin excepción, con la población humilde en algún momento de su trayectoria profesional. Están con las “botas puestas” oportunamente cuando se necesita de su apoyo.
Evidentemente que estas características contrastan con la clase política y su forma de ejercer liderazgos. Rasgos, también de la justicia, antagónicos respecto del aprecio de la gente hacia Carabineros. Ni la justicia, ni los partidos políticos “son del pueblo”, tampoco están donde “las papas queman”. Y donde el reconocimiento mutuo entre instituciones es prácticamente nulo, del efecto espejo mejor ni hablar.
Hoy cabe preguntarse si acaso el manoseado concepto de re-invención de los partidos políticos, que buscar ajustarse a los intereses ciudadanos, encontrará su respuesta en la única institución pública que genera confianza y aceptación entre los chilenos y chilenas.

25 enero, 2010

El Festival de la Cultura

El desarrollo cultural en Chile, llevado a cabo por el Estado e iniciativas privadas, ha modificado la relación que hoy tenemos respecto a las disciplinas que componen dicho espectro. Sin embargo hoy ¿Nos culturizamos porque somos cultos o somos cultos porque nos hemos culturizado?
La pregunta deja las puertas abiertas ante la paradoja –al parecer invisible- para quienes han dirigido la “gestión cultural” en Chile desde el año noventa hasta hoy: identificar el sentido de las acciones culturales.
Se nos ha dicho -a nosotros ciudadanos que hemos recuperado (que no construido) una democracia- que estos últimos 20 años han sido los más exitosos de la era republicana. Las cifras macro así lo señalan (de economía, de salud, educativas e infraestructura) ¿y las culturales? Bueno, en 2004 fue creado un descentralizado Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (sede en Valparaíso). Su dirección ha estado a cargo de dos ministros (José Weinstein y Paulina Urrutia), donde el Fondart en la primera versión (1992), dispuso de $ 1.874 millones. Para el año 2008 dicho monto se ha sextuplicado superando los $ 12.000 millones.
Entonces ¿Ha sido exitoso?
El desarrollo de la oferta cultural en Chile entre los años 1990 y 2010 es indiscutible en diversas disciplinas: danza, fotografía, cine, teatro, música. Sin embargo ¿cómo se tradujo esto en la vida cotidiana de las personas? ¿Cómo se ha ido incorporando la cultura en la ciudadanía? ¿Cómo la extensa cartelera cultural ha sido recibida por los chilenos?
A mi juicio, el festival de Teatro a Mil refleja los principales elementos de la forma de hacer cultura en las dos últimas décadas: 1. Ligada exclusivamente a la entretención. 2. Asociada a un patrón de consumo económico. 3. Con contenidos altamente homogéneos.
Estos tres puntos han provocado un quiebre en una forma tradicional de entender la cultura, es decir como un reflejo de lo que sucede en la sociedad. Dando paso a una cultura que se consume económicamente.
Quienes han tenido la oportunidad, el tiempo e interés para ir a ver alguna obra del festival Santiago a Mil 2010 -de danza, música o teatro-, habrán reparado en el abundante material de difusión que precede y antecede a cada una de las obras. Todo este material va dirigido a un público, con bagaje o iniciado, para que pague la cultura. ¿Y la Pequeña Gigante? ¿Y los conciertos y obras gratuitas? Eso es 100% entretención, absolutamente desvinculada de contenidos y mensajes: diversión vacía.
Respecto a la homogenización de contenidos hay que remitirse a los actores y directores que han estado presentes en los últimos certámenes.
Esta forma de culturizar ha ido consolidando en Chile a los ciudadanos del siglo XX y consumidores del sigo XXI que anunciaba Nestor García Canclini.
Se han creado ciudadanos vacíos de contenidos y mensajes (político, educativo, nacional, pluralista) Se ha perdido el para qué de la cultura, quedando un purismo, un ethos aséptico. Aproximándose a un espacio exclusivo de entretención y/o por el cual se debe pagar, dejándola en el mismo estatus que un concierto de Madonna.

No basta con ver en los afiches a Delfina Guzmán sosteniendo un corazón humano ni oírla presentando cada obra. Tampoco a Catalina Saavedera hoy mediatizada como La Nana.

Sin embargo hay casos distintos donde se abre un camino hacia la reflexión: Tres Marías y una Roza y Los Payasos de la Esperanza. Sobre todo si ponemos atención al proceso en que fueron creadas dichas obras y al mensaje que hoy pueden entregar.

Enero es un mes de fiesta cultural en Chile. El despliegue informativo del Festival de Teatro a Mil ha demostrado haber recogido la experiencia de las ediciones anteriores, para posicionarse hoy con una madurez –cuando menos en los ámbitos de comunicación y selección de obras- de países con una basta trayectoria cultural. Cierto es que aún quedan desafíos –profundizar la descentralización y gratuidad, calidad de las salas y protocolos de seguridad para eventos masivos- pero las mejoras que se proyectan son auspiciosas si vemos retrospectivamente lo que era este festival en la segunda mitad de los noventa. Eso si, no podemos perder de vista el para qué y para quién se hace la cultura.

16 noviembre, 2009

¿Volvemos a los tres tercios (3/3)?



Que Marco Enriquez Ominami dejó de ser un fenómeno, es un hecho.
Sea por las torpezas de la concertación, sea por las capacidades del propio ME-O, lo cierto es que más de un 20% de los chilenos/as lo apoyan (1 millón de electores).
Si bien es cierto que la Concertación (coalición de gobierno comitió un gran error (cuyos artífices son los presidentes de partido Camilo Escalona -PS- y Pepe Auth -PPD-), al negarse a celebrar primarias para elegir a su candidato presidencial, tal y como lo había hecho en dos ocasiones anteriores. Dicha situación le entregó en bandeja de plata a Enríquez-Ominami el sentimiento antiestablishment y antipartido que existe hoy en Chile. Enríquez-Ominami no tiene partido pero sí cuenta con miles de partidarios. Se ha convertido en uno de los candidatos independientes de mayor éxito en América Latina, pase lo que pase, gracias a este último error de la Concertación, que seguramente nunca consideró que se trataba de un desacierto, y mucho menos de un autogol.

¿Se quedará en la raya Marco Enríquez-Ominami? Es muy posible que sí. Algunas encuestas lo muestran casi empatado con Frei; otras, ligeramente rezagado. Asimismo, ciertos sondeos sugieren que representaría una alternativa más poderosa contra Piñera en segunda vuelta que el propio Frei, ya que los votantes de la Concertación podrían ser más proclives a votar por Enríquez-Ominami que los de este último a hacerlo por Eduardo Frei. Si el joven iconoclasta sigue destacando en los debates como lo ha hecho hasta ahora; si no se le secan las fuentes de financiamiento -un riesgo innegable, sobre todo al final de una campaña-; si no se tropieza con sus réplicas improvisadas y en ocasiones irreflexivas, con su tendencia a evadir definiciones de sustancia (como se ha mostrado en algunos debates), y con sus lazos estrechos y no del todo aclarados con La Habana, a través del empresario Max Marambio, puede convertirse en el próximo presidente de Chile. Pero aunque se le pueda reprochar su falta de experiencia, de apoyos legislativos y de equipo de gobierno, su llegada a La Moneda, por alcanzar un sórdido 20% de votos, sería un gran acontecimiento para toda América Latina, pero sobre todo para Chile, un país que no es aburrido pero donde hoy los chilenos se aburren. Marco los sacudiría... de eso no hay duda.

26 junio, 2009

LUN: enseñando a enseñar

Al levantarme todas las mañanas y pasar por la misma puerta del metro, veo cansados jornaleros, que quizás llevan a despiertos dos horas, se dirigen a sus lugares de trabajo. Como pasan y pasan las hojas del periódico, que leen ensimismadamente, futbol, modelos, asaltos... curioso en las pantallas del metro son las mismas noticias del dia anterior... de la noche anterior... de la mañana... de nuestra mañana... es lo que estamos leyendo HOY... estas son las fuentes de información para los trabajadores y estudiantes... asi se desayuna este país con esos titulares... con esos énfasis... y así nosotros como sociedad civil reproducimos estas noticias...
¿Cuál es la ética del periodismo? ¿Todo vale? No se trata sólo de portadas pintorescas o ridículas sino con una marcada intención evitar las noticias trascendentes o difuminar su importancia entregando énfasis en aspectos secundarios o superficiales.

23 enero, 2009

Salud!! (en construcción)

Qué es la salud?
Sabemos que hay enormes brechas entre las definiciones teóricas y prácticas...