Si bien la inquietud de escribir en una plataforma masiva (potencialmente al menos), surge por la necesidad de trasladar conversaciones desde la sobremesa, la barra de un bar o un intermedio del partido del domingo, hasta otr@s; hasta usted hábil lector. Esta inquietud versa, sobre el hecho de trasladar desde unos oídos que escuchaban estas divagaciones, críticas, elucubraciones y vaticinios basados en teorías pseudos-estructuradas hacia unos ojos lean las mismas divagaciones, críticas, elucubraciones, etc, etc... con la salvedad que ahora aparecen más estructuradas y sobre las cuales podemos iniciar una construcción; eso lo dirán ustedes.
Entonces cuál es mi contingencia, cuáles son esos hechos que se presentan ante mi y de los que hablamos –primero los que queremos ver, segundo de los que queremos hablar-. Para el caso: política, deporte, medios de comunicación y líquidos fermentados provenientes de la vid y la cebada (ya con estos tenemos pa escribir un tratado). Sin embargo, hoy, cuando me dispongo a escribir/reflexionar acerca de un tema, lo hago con el que quizás sea el más contingente de todos. Del que desde hace 6 años es el que más me interesa y del que más quiero hablar. Del que quiero seguir hablando, sintiendo y pensando: Salvador.
Mi interés, es para ti que me arrancas una sonrisa cada sábado por la mañana. Para ti son mis pensamientos cada día cuando vas rumbo al cole. Pa ti, mi niño, son las caricias y canciones cada noche que nos leemos cuentos. Los hechos a los que me remito, se sienten cada vez que miro hacia abajo y veo unos ojitos, incondicionales, brillando de ilusión.
Eres tu la contingencia que me importa, porque si al amor lo definen como un estado de locura transitoria, yo siento que nosotros hijo, nosotros estamos enajenados de complicidad permanentemente.
